Defensa de Tesis Doctoral sobre la taifa de Albarracín en el siglo XI, por Julián M. Ortega Ortega

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Defensa de Tesis Doctoral sobre la taifa de Albarracín en el siglo XI, por Julián M. Ortega Ortega

El pasado 27 de enero, el Licenciado Julián M. Ortega Ortega defendió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza su Tesis Doctoral, titulada La dawla Raziniyya. Súbditos y soberanos en la taifa de Santa María de Oriente, siglo V.H / XI.d.C. La Tesis se inscribe en el Programa de Doctorado Historia, Sociedad y Cultura: Épocas Medieval y Moderna y ha contado con la dirección del Dr. Carlos Laliena Corbera. El tribunal que la evaluó estuvo compuesto por los Drs. Antonio Malpica Cuello (Universidad de Granada), Rafael Azuar Ruiz (Museo de Alicante) y Mario Lafuente Gómez (Universidad de Zaragoza).

Constituye un rasgo distintivo del pensamiento orientalista la insistencia en la indisociable vinculación
que en el Islam se da entre política y religión. Son, sin embargo, numerosas las pruebas que ponen en cuestión
esta idea, comenzando por la larga historia del divorcio que, ya en la Edad Media, medió entre califato y sultanato,
entre autoridad religiosa y ejercicio del poder: primero, cuando, en el siglo IX, los ulemas consiguieron limitar las
competencias de los califas en la elaboración de la ley islámica y después, desde el siglo X, cuando los jefes
militares y burócratas comenzaron a monopolizar las facultades gubernativas.
En Oriente, la divergencia definitiva entre califato abasí y sultanato se sustanció a partir de mediados del siglo X
con el advenimiento de la dinastía buyí. En al-Andalus, un proceso análogo de transferencia de poder efectivo
desde el imanato omeya a delegados autorizados tuvo lugar en época del Hixam II, cuando un valido, Ibn Abi al-
Mansur (Almanzor), tomó las riendas del gobierno califal, monopolizando con éxito el mulk (la soberanía propia
de los monarcas) y transfiriéndolo a sus descendientes.
Los intentos fracasados de varios miembros de la casa omeya por recuperar el mulk y restaurar, bajo la institución
califal, la unión de la autoridad profética y potestad regia desembocaron en una violenta pugna por el trono que
solo cesó con la expulsión de Córdoba de la dinastía omeya. El subsiguiente colapso del gobierno central generó
un vacío de poder que abrió paso al surgimiento de sultanatos regionales, los denominados “reinos de taifas”, cuyo
rasgo político distintivo radica precisamente en la acaparamiento total de los atributos de poder propios,
teóricamente, del califa.
El presente trabajo doctoral ha pretendido analizar en su contexto histórico el proceso de construcción de uno de
estos sultanatos, el de Santamariyyat as-Sarq, hoy Albarracín (Teruel), y su perduración, a través de distintas
coyunturas históricas, a lo largo de casi de un siglo (ca. 1013-1104).
Hacer explícitos los objetivos, la base conceptual y los instrumentos metodológicos empleados a lo largo del texto
ha sido el objeto del primero de los capítulos en que se divide el texto. Es preciso destacar, en este sentido, los
intentos por resituar el tema dentro del complicado legado historiográfico de las taifas, marcado por los sesgos
introducidas por la interpretación nacionalista de la historia andalusí, a partir de la elaboración de nuevas preguntas
inspiradas en clásicos de la antropología política y la sociología histórica (Marx, Weber, Veblen, Goffman,
Bourdieu). También merece la pena enfatizar los esfuerzos encaminados a explorar las posibilidades de afrontar
estas preguntas a partir de un uso combinado, aunque no necesariamente armónico, de las fuentes escritas y
arqueológicas.
La primera parte del trabajo, que agrupa los dos siguientes capítulos (II y III), ha estado dirigida a analizar en
detalle la arquitectura social del estado taifa construido por los Banu Razín, en particular la constitución de una
dinastía en el seno de una sociedad cortesana regulada por normas y códigos culturales de inspiración abasí y el
despliegue ceremonial empleado como vía de legitimación y consolidación del poder alternativa a las limitaciones
militares comunes al resto de taifas. En este sentido, ha resultado especialmente revelador el estudio arqueológico de los espacios áulicos de los gobernantes raziníes y los datos procedentes de las excavaciones practicadas en el
castillo de Albarracín, que han permitido profundizar en algunos aspectos cruciales de la sociabilidad y la
convivialidad cortesana, en especial el recurso al consumo ostentoso como herramienta de jerarquización social e
intimidación diplomática.
La reconversión de Albarracín, un antiguo hisn, en una pequeña pero floreciente medina constituye, por otro lado,
un primer indicio del impacto que la constitución tuvo la emergencia de este sultanato en su entorno inmediato y la
necesidad de asentar las nuevas formas de ejercicio del poder sobre un ecosistema genuinamente urbano
caracterizado a la par por el auge demográfico y una creciente complejidad social. Rasgos fundamentales de estas
transformaciones sociales, también detectadas en el otros sultanatos taifas, fueron la configuración de una
sociedad de rangos con estilos de consumo distintivos y la formación de clientelas urbanas a partir de prácticas de
evergetismo de un grupo de notables, que basaba su preeminencia local en recursos típicos de los estados
agrarios: las conexiones con la corte, las propiedades periurbanas y el comercio.
Ni la formación de la dinastía y la elevación de Albarracín a rango urbano hubieran sido posibles sin la modificación
de las conexiones que una y otra mantenían con el entorno rural. Los capítulos IV y V, que conforman la segunda
parte del trabajo, han estado centrados en la investigación detenida de estas cuestiones dentro del ámbito territorial
sobre el que los Banu Razín ejercieron su dominio durante el siglo XI. El primero de ellos se ha centrado en el
estudio de la fiscalidad y el comercio a través de los magros testimonios escritos y sobre todo de los vestigios
materiales: la circulación de las monedas y los movimientos locales, comarcales y regionales de las cerámicas. El
capítulo V se ha centrado, por su parte, en los husun, los burgos fortificados en los que se sustanciaba el poder de
intervención de los raziníes sobre el medio rural, quedando el grueso de las secciones dedicadas a establecer su
nómina y rasgos materiales, con especial atención a un caso concreto, el del hisn as-Sahla, la actual localidad de
Cella.
Los dos restantes capítulos, el VI y el VII, ha tenido al campesinado como principal protagonista. El capítulo VI, de
carácter más genérico, ha estado dedicado a la investigación del impacto que sobre el medio rural tuvo la
formación del sultanato y la emergencia urbana de Albarracín a través de tres cuestiones básicas: la evolución
demográfica, claramente alcista, del campesinado, sus diversificadas estrategias productivas y la organización
social de las comunidades rurales. Más apegado al territorio, el capítulo VII agrupa, por último, una serie de
estudios comarcales, en los que se analizan los datos en su contexto geográfico. Destaca el análisis dedicado a la
zona de Sierra Menera, la mejor conocida, cuya intensa dedicación a la minería y la metalurgia durante época taifa
ofrece rasgos peculiares y particularmente expresivos de los modos de organización rural del trabajo y el paisaje,
sobre todo en lo relativo al papel del mercado y la especialización de la producción en tiempos de los sultanes
raziníes.

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